domingo, 11 de diciembre de 2011

Rain

Iba por ahí, con ganas de todo, pero más de lluvia. Una lluvia casi monzónica. Con vientos arrebatados, de esos que levantan las polleras de damas que aprovechan para mostrar sus piernas sin pudor.
Iba con ganas de ir sin tregua. Para adelante como una procesión carnavalesca, un Mardi Gras extemporáneo sin máscaras pero borracho de vida.
Iba con ganas de improvisar, de dejarse llevar por el instante para habitar su oquedad trémula.
Iba con ganas de realidad sin maldiciones, un estarse quieto en medio de la borrasca por las dudas de estar justo en el filo de la propia historia, a punto de dar el salto, ese que es a suerte o verdad.
Iba con ganas de ganas. Ganas de más. Y de vos también.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Obsesión

Descubrí que mi suavidad es áspera. Que mi tacto prefiere clavarse en tu piel para asustarte. No sé porqué lo hice, tal vez por miedo, tal vez quise quemar las naves asustándote a vos para no hacerme cargo yo de esto que me pasa.

El resto del día transcurrió sin prisas y con la extraña sensación de vos mirándome la nuca todo el tiempo. Cuando fui yo la que deslicé un dedo por la tuya. Lo hice sin intención. Pero al hacerlo me di cuenta de que eso era exactamente lo que quería. Tocarte. Y te toqué con mi aspereza. ¿Te habrá molestado esa caricia inesperada, indeseada incluso? ¿O te imaginabas unas manos más delicadas? Algo se oscureció en tu mirada. Y supe que el vínculo cambió para siempre. No voy a poder mirarte a los ojos cada vez que nos encontremos.
Y no puedo desencontrarte. Es imposible. La rutina diaria incluye que nos crucemos, al menos, veinte veces por día. ¿Qué voy a hacer? Le diré a Josefina que me pase todos los expedientes que ella tiene durmiendo el sueño de los justos en un cajón de su escritorio. O a Rodrigo que te mande a vos a hacer lo que hace él. Pero no te va a gustar. Siempre preferís tener el cuerpo en movimiento y estar con el culo apoyado en una silla tantas horas lo único que va a lograr es que me odies.
¡Por Dios! Quiero cortarme los dedos para olvidarme de la sensación de tu piel. Ahora quiero más. Me estás mirando y lo único que quiero es correr hasta vos y hundir mi mano en tu cuello y rasguñarte, lastimarte y después lamer tu piel despacio. Me acaricio los labios con mi lengua. Un jadeo se ahoga en mi garganta. Aprieto los puños hasta que me quedan blancos. Me estás volviendo loca.
De golpe siento gritos. Alguien grita cerca mío. Aturdida, miro alrededor. Josefina está con el teléfono en la mano y me ve horrorizada. ¿Qué le pasa? ¿Ella también se volvió loca? Josefina nunca trabaja bien bajo presión, lo que sea que tendría que estar haciendo está paralizado. ¿Cómo no se dan cuenta?
Cierro los ojos y voy para atrás. Repaso cada impresión. Me acuerdo que llegué y ya estabas sentado en tu lugar de siempre. Me acerqué y te di un beso. Como siempre. Sólo que esta vez mi mano se perdió en tu nuca, rozó tu pelo y se detuvo apenas un segundo en tu piel tibia. La tersura de tu piel contrastó de tal manera con la mía que me sentí tosca y toda caricia cesó de inmediato. Me duele. Me duelen los dedos porque me atenaza el deseo de perderme en vos, de recorrerte entero. Quiero olerte también.
Abro los ojos de golpe porque si sigo así tengo miedo de no poder contenerme. Te perdí. Saliste de mi campo de visión. Giro buscándote. Rodrigo llega con hielo y toallas. Josefina habla sin parar mientras da cabezaditas. Cuelga. Le tiemblan las manos y llora. Es extraño, siento que me pide perdón con la mirada. En cambio en la tuya hay reproche. Y decepción. Ahora sos vos el que te volviste loco. Me agarrás una mano despacio y me quitás un cutter. ¡Estás lleno de sangre! En eso llega gente que no conozco. Hablan con Josefina, que hace un gesto hacia mí. Rodrigo me envuelve las manos en las toallas heladas. No sabía que mis manos estaban tan calientes. La sensación es linda, el frío me hace bien. Esa gente que no conozco me rodea. Escucho tu voz que me dice "shhh, tranquila, todo va a estar bien". Quiero contestarte pero no puedo, se me enrieda la lengua en la boca. Creo que me dieron algo que me está durmiendo, antes de cerrar del todo los ojos, alcanzo a ver la mano a la que le faltan las yemas de los dedos.

miércoles, 6 de julio de 2011

Silencio

Dicen que en el principio fue el caos. Pero para mí, el principio fue el silencio. Y el silencio engendró al sonido y el sonido a la palabra. Y la palabra engendró al caos. Y del caos nacimos nosotros, hilos de luz y de sombras entrelazados, bendecidos con la palabra, con el sonido y buscando, cada tanto, la paz en el silencio.

martes, 28 de junio de 2011

Cuándo

Había algo sin definir, algo así como una cadena de alegrías nebulosas.
No era, siquiera, una interdicción.
Bruma.
Una suerte de imposibilidad, como si te soñaras en un sueño que se sueña a sí  mismo.
Hombre de vitruvio.
Simetría.
Número de oro.
Una cascada flamígera.
Un montón de respuestas esperando preguntas.
Yo.
Vos.
El mundo cimbrando.
Te imagino así, como el mundo dice: flexible.
Y digo cuándo.

viernes, 24 de junio de 2011

Nada/Todo

Nada de lo que pasa, me pasa. O todo.
Es ese saber que ahí afuera, están el monstruo y la alegría y en el medio de los extremos, todo lo demás.
Acá es para hablar...iba a decir de la muerte. Pero pensé  "mejor no",  porque el blog se llama La vida por ahí. Lo que sucede es que la muerte también está por ahí.
La oscuridad acecha tanto como la luz. Cualquiera de las dos mata o da vida.
Porque la vida y la muerte son dos caras de la misma moneda, son hermanas mellizas separadas al nacer y se buscan desde el primer grito y finalmente, se reencuentran. Y, entonces, comienza otra vez. Una danza infinita. Un parpadear eterno. Una voz perdida y recuperada en ese charco de estrellas mudas. Una boca apenas abierta. Una garganta primordial. Un hueco de tierra húmeda en el que me hundo para germinar.
Me pierdo entre tallos y raíces. Sigo a esa loca caravana de dioses estivales que prometen dichas y dan faenas.
El único regalo que tenemos es el tiempo.