jueves, 22 de noviembre de 2012

Sin brújula

Así de accidentado. Perdido en la bruma y el agua.
Derrotero sin carta de navegación.
Un movimiento a ciegas, sin estrellas.
Y sin embargo, de irresistible levedad.
Te anima (la levedad) a hundir los pies sin mirar si hay apoyo.
A caminar con los ojos apenas entreabiertos.
A intentar apresar la niebla a sabiendas de que es imposible.
Como querer atrapar un sueño cuyo sentido revolotea en el
fondo de tu mente y que se fue en cuanto enfocaste la mirada
en el reloj.
Hay cosas inasibles.
Vos, por ejemplo.
Yo, mi ego cada tanto.
Hay cosas que se quieren con la terquedad del capricho.
Pero se pierden en la razón nuestra de cada día.
Almas desnudas buscando su cobijo.

martes, 20 de noviembre de 2012

Minotauro

Nada te prepara para lo inesperado. No hay agenda que tenga día y hora para el evento que no tenía espacio por improbable, por imposible, por impensable y un montón de etcéteras más todos con im. Pero sucede.
Es como una ráfaga de viento helado en el trópico que termina con vos y un resfrío de proporciones bíblicas.
Te toma, de golpe y casi adrede. Si es que puede ser adrede el azar. Y estás vibrando. Y sintiendo. Como antes, cuando tenías el mundo por estrenar, cuando lo veías con ojos de futuro amistoso, sin miedo, puro carnaval rocambolesco. Vida que se derrama sin sutileza, pletórica y salvaje. Intuición desmedida.
Y apareciste. Casi de la nada para perturbar todos los esquemas. Un cambio radical. Cuántico. Me interpela.
Y yo.
Otra vez.
Sin respuestas.


Publicado hoy en Amor profano

(me pareció que había una relación con "Símbolo")

domingo, 18 de noviembre de 2012

En la niebla

Siempre quise esperarte en Praga. Siempre en Praga y la niebla. Siempre sueños olvidados, recuerdos de algo que no pasó, besos fugados.
Esa tristeza que es nostalgia de lo que nunca tuve y quise. Estabas más allá de mi alcance. Y verte era añorarte con una ferocidad de manada hambrienta. Por dentro la sangre se agolpaba en los oídos y el único murmullo que escuchaba era el del latido imperioso de mi corazón. Era deseo, era calidez, era ganas de tocarte desde adentro hacia afuera, de beberte, morderte, clavarte las uñas en la piel y luego besar cada centímetro de piel pálida. Besarte hasta el cansancio, hasta volver a empezar. Quererte sin fin, sin principio, sin promesas, sólo quererte.

Llegó Praga, como un destino escrito en piedra, y con ella la niebla. Y en la niebla yo y tu ausencia. Camino hacia la Ciudad Vieja y me pierdo, te pierdo. En mi mano se deshace un papel con palabras borrosas...

Te amo como se aman ciertas cosas a oscuras, secretamente entre la sombra y el alma. Pablo Neruda