domingo, 18 de noviembre de 2012

En la niebla

Siempre quise esperarte en Praga. Siempre en Praga y la niebla. Siempre sueños olvidados, recuerdos de algo que no pasó, besos fugados.
Esa tristeza que es nostalgia de lo que nunca tuve y quise. Estabas más allá de mi alcance. Y verte era añorarte con una ferocidad de manada hambrienta. Por dentro la sangre se agolpaba en los oídos y el único murmullo que escuchaba era el del latido imperioso de mi corazón. Era deseo, era calidez, era ganas de tocarte desde adentro hacia afuera, de beberte, morderte, clavarte las uñas en la piel y luego besar cada centímetro de piel pálida. Besarte hasta el cansancio, hasta volver a empezar. Quererte sin fin, sin principio, sin promesas, sólo quererte.

Llegó Praga, como un destino escrito en piedra, y con ella la niebla. Y en la niebla yo y tu ausencia. Camino hacia la Ciudad Vieja y me pierdo, te pierdo. En mi mano se deshace un papel con palabras borrosas...

Te amo como se aman ciertas cosas a oscuras, secretamente entre la sombra y el alma. Pablo Neruda

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